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lunes, 7 de septiembre de 2009

La Leyenda del Hornero

Cuentan que en las tribus que habitaban a orillas del río Paraguay, cuando los muchachos llegaban a cierta edad debían pasar tres pruebas. La primera consistía en correr muy rápido, mucho más que el viento veloz. Para superar la segunda tenían que nadar de un lado al otro del río. Por último debían cumplir con un extraño ritual: quedarse acostados sin moverse, muy quietos, tan quietos que no podían ni siquiera pestañear, durante un largo tiempo. Todos los jóvenes de esa tribu se entrenaban con gran dedicación para poder pasar esa prueba. Aprobarla, significaba pasar a ser adultos. Una vez existió un joven llamado Jahé que sorprendió a todos con su destreza. Cuando le tocó realizar la primera prueba, muy pronto dejó atrás a los demás competidores. Cuando cruzó el río, mientras los otros luchaban para que la corriente no los llevara, él juntaba piedritas de colores que encontraba en el fondo. Cuando debió permanecer acostado, el se mantuvo tan quieto, que por más que saltaban, y hacían bromas a su alrededor, él permanecía inmóvil como una piedra. Así Jahé, pasó ha ser un adulto. Lo que nadie sabía era que mientras el joven corría, en las alas del viento escuchó la voz de una mujer como el canto de un ave. Esa misma voz fue la que lo alentó mientras cruzaba el río Paraguay y la que le permitió concentrarse cuando debió permanecer quieto. Como era costumbre en esa época, el jefe de la tribu premió a Jahé concediéndole la mano de su hija. Jahé no podía aceptar ese ofrecimiento, pues la melodía que escuchó durante la prueba lo acompañaba día y noche. Jahé se había enamorado. El jefe de la tribu comenzaba ha impacientarse por la falta de decisión del joven. Una mañana el muchacho elevó sus brazos al cielo pidiendo a su amada que lo ayudara a decidir. Entonces volvió a escuchar su voz. Las manos de Jahé comenzaron a moverse al compás de una suave música, hasta que tomaron el movimiento de las alas de un pájaro. Los que observaban la escena vieron con asombro cómo el cuerpo del joven comenzaba a transformarse en un pájaro y se perdía volando en el aire. El ave era de color pardo y desapareció en los bosque que bordean el Paraguay. Buscó entre los árboles a su amada pero no la encontró. Construyó una casita de barro para resguardarse de los rayos, los vientos y las lluvias. Por fin una mañana la dulce cantora se posó en su nido y desde entonces es su compañera.

viernes, 4 de septiembre de 2009

La Flor del Seibo


Anahí era una bella muchacha, hija del cacique de una tribu guaraní que habitaba a orillas del Paraná. Eran los años de la Conquista y con ellos comenzó el enfrentamiento entre blancos e indígenas que quebró la paz del lugar.

Durante uno de esos combates, un capitán español dio muerte al cacique, trayendo una gran tristeza a su pueblo y profundo dolor a Anahí, quien juró vengarse. Una noche, sin revelar a nadie sus intenciones, se acercó al campamento y llevó a cabo su cometido.

Los centinelas advirtieron lo sucedido inmediatamente y, como castigo, la ataron a un árbol y la condenaron a morir presa de las llamas. No hubo llantos ni quejas por parte de Anahí, sino una dulce y sentida canción. Pero la agonía del fuego dio paso al asombro. No había cenizas ni brasas, sino un tronco que extendía sus brazos al cielo, desbordantes de unas extrañas y hermosas flores de color rojo, como la sangre.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Historia de Dos Ríos


Hace muchos años, cuando los lagos eran de cristal y las montañas blandos terrones de arcilla, vivían en la Patagonia dos tribus Mapuches. Los hijos de los caciques Limay y Neuquén eran grandes amigos. Juntos iban a pescar y a nadar; un día, cerca de un lago, se oyó una suave canción… La voz era de Rahiue, una indiecita de gran belleza.

Los jóvenes quedaron enamorados de Rahiue. A partir de ese momento, los muchachos, que eran como hermanos, supieron que algo se interponía entre ellos. Los caciques al ver a los jóvenes tan distanciados, consultaron a la machi (adivina). Pronto la machi descubrió lo que estaba sucediendo y quiso hablar con Rahiue. Cuando estuvieron solas la adivina preguntó a la indiecita qué era lo que más deseaba, y ella contestó que quería una caracola de mar. Los jóvenes tendrían que llegar al mar y traer una caracola. Consultados los dioses, convinieron en que lo más rápido para llegar al mar era convertirse en río. Así lo hicieron, y los dos jóvenes con sus cuerpos convertidos en agua comenzaron a correr hacia el mar; Neuquén desde el Norte y Limay desde el Sur.

Pero (siempre hay un pero en las historias) el espíritu del viento no había sido consultado, y su furia hizo soplar vientos maléfico. Rahiue comenzó a pedir a los dioses por el alma de los jóvenes mientras su cuerpo se iba transformando lentamente en árbol. El viento sopló con tanta furia que desvió el curso de los ríos. Cuando Limay y Neuquén se enteraron de la muerte de Rahiue se abrazaron fraternalmente. Así, unidos, lloraron a la indiecita, y sus caudalosos cuerpos formaron un río que también aún la llora: el "Río Negro".

Leyenda del Junco


En las cálidas tierras ocupadas por los guaraníes, sombreadas de selvas y surcadas por los ríos rumorosos, vivía una india de notable belleza llamada Pirí. Su hermosura era tan grande como su vanidad.

Al atardecer, cuando el sol dibujaba pinceladas rojizas en las aguas del río Paraná, Pirí llegaba hasta la orilla. Acentuaba su esbeltez con su ondulante andar. Se soltaba sus largos cabellos renegridos y, mientras los trenzaba, se contemplaba en el río una y otra vez, deleitándose ante su propia imagen. -¡Qué bella soy! -decía. Era un ritual que repetía todos los días… Pirí había inspirado amor en varios muchachos de su tribu, pero ella no los miraba siquiera. Cuando se dignaba hablarles era para burlarse de sus sentimientos. Nunca agradecía los regalos que frecuentemente le hacían sus enamorados. Los arrojaba muy lejos sin importarle el dolor que les causaba. Sus horas eran una sucesión de ocios y de vana contemplación.

Un día, el dios de los guaraníes: Tupá, disgustado por el proceder de Pirí, se presentó ante ella. Con una voz que revelaba su enojo le habló así: -Pirí, todo ser humano tiene la obligación de ser generoso con sus hermanos y, debe dar utilidad a su vida. Tú has desaprovechados todos los dones que generosamente te di. Por ello, sufrirás un castigo. Te transformarás en otro ser. Serás una planta tan hermosa y cimbreante como eres ahora. Te convertirás en junco. Serás la gran compañera de los hombres y mujeres de esta tierra, y compartirás todos los momentos de sus vidas. Diciendo esto, Tupá se esfumó y también desapareció Pirí. Sus jóvenes enamorados la buscaron noche y día por la selva, en las orillas del río, junto a las flores, pero en ninguna parte hallaron rastros de la hermosa india. Un día, al acercarse al río contemplaron asombrados una planta desconocida que crecía en las orillas meciéndose al soplo de la brisa con la gracia de una mujer. La llamaron Junco. Con sus tallos aprendieron a dar forma a variados objetos de uso cotidiano tales como costureros, cestos, esteras y muchos otros más… Las hábiles manos de los tejedores trenzan el junco desde aquellos lejanos tiempos. Es una artesanía que se ha perpetuado, llegando hasta nuestros días como un hermoso legado del pasado guaraní.

martes, 18 de agosto de 2009

La Leyenda del Palo Santo


Los Tobas veneran a este árbol al que consideran sagrado. Cuentan sobre él una hermosa leyenda:

"Hace mucho tiempo vivía un joven muy virtuoso y apuesto llamado Cosakait, que se había enamorado perdidamente de una muchacha muy bella, pero ella no le correspondía.

Ah!- el indio se lamentaba- los dioses no quieren mi felicidad.

Entonces el joven se enfermó de pena pero la muchacha no quiso verlo. Desesperado, Cosakait llamó a la madre de su amada y le dijo:

-Yo he de morir pero seguiré amando a su hija. Adornaré con flores su cabello, perfumaré el agua que sus labios beban y espantaré a los insectos de su lado para que no la molesten. Estaré siempre donde ella se encuentre y le daré todo lo que me pida.

Cosakait murió, y Dios, compadecido por su dolor, lo eternizó en la forma de un árbol que creció allí mismo y se extendió por toda la selva. De esta forma Cosakait brindó a su amada flores y todas las cosas buenas que le había prometido."


Por ser tan elevado sus valores y su nobleza, los Tobas consideran al Palo Santo como un palo sagrado y lo llaman "Cosakait".

La Leyenda de la Creación del Mundo


Kooch siempre existió, vivía rodeado de densas tinieblas que lo envolvían, sin permitirle ver nada. Fue tanto el tiempo de quietud y silencio, interminable abismo de soledad, que Kooch rompió a llorar largamente, con un llanto profundo y prolongado, y, tanto lloró que es imposible calcularlo.

De sus lágrimas se formó el mar llamado Arrok, siendo este el primer elemento base para lo que sería el futuro mundo.

Kooch dejó de llorar cuando advirtió el constante aumento del agua provocado por sus lágrimas, entonces dio un suspiro y creó al viento, que de inmediato comenzó a agitar las tinieblas logrando al fin disiparlas. Aparece entonces la claridad que provoca la alegría y le da aliento a Kooch para seguir creando los restantes elementos que coordinados formaron luego el mundo.

Las Leyendas Aborígenes


Las leyendas son un relato tradicional o folklórico, que sea a regionalizado, y que en un principio pudo haber sido verídico o tuvo una parte de verdad, pero que al transmitirse en forma oral, se ha ido modificando hasta convertirse en algo fantástico.

jueves, 6 de agosto de 2009

Leyenda Rito Iniciación Cherokee


¿Conoces la leyenda del rito de pasaje, de la juventud de los indios Cherokee?

Su padre le lleva al bosque, con los ojos vendados y le deja solo. Él tiene la obligación de sentarse en un tronco toda la noche y no quitar la venda hasta que los rayos del sol brillan a través de la mañana.

Él no puede pedir auxilio a nadie. Una vez que sobrevive la noche, él ya es un hombre. Él no puede platicar a los otros muchachos acerca de esta experiencia, debido a que cada chico debe entrar en la masculinidad por su cuenta.

El niño esta naturalmente aterrorizado. Él puede oír toda clase de ruidos. Bestias salvajes que rondan a su alrededor. Quizás algún humano le puede hacer daño. Escucha el viento soplar y la hierva crujir, él sentado estoicamente en el tronco, sin quitarse la venda. Ya que es la única manera en que podría llegar a ser un hombre.

Por último, después de una horrible noche, el sol apareció y al quitarse la venda, fue entonces cuando descubrió a su padre sentado junto a él. Su padre veló toda la noche, para proteger a su hijo del peligro.

Así, nosotros tampoco estamos nunca solos. Aun cuando no lo sabemos, nuestro Padre Celestial esta velando por nosotros, sentado en un tronco a nuestro lado. Cuando vienen los problemas, lo que tenemos que hacer es sólo confiar en Él.

Si te ha gustado esta historia, compártela. Si no. . . es que te quitaste la venda antes del alba...


Recuerda: ES VERDAD ...NUNCA ESTAMOS SOLOS!!!!!!